Fue su primer encargo como compositora, y llegó con una condición poco común: la obra era muda. El Noctámbulo no es teatro con música de fondo, sino una obra donde la música ocupa el lugar que normalmente ocuparía el texto. Los intérpretes no hablan, y toda la carga narrativa — el humor, la amenaza, la ternura — se sostiene desde el foso. Eso obligó a Alicia a componer pensando como una dramaturga: cada motivo tenía que identificar a un personaje, cada cambio de armonía tenía que hacer avanzar una escena.
La partitura tampoco se escribió después, sobre un montaje ya cerrado. Alicia fue componiendo mientras observaba el trabajo de la compañía, viendo nacer las escenas, de modo que música y dramaturgia crecieron a la vez. Fue un proceso creativo conjunto, en el que cada una fue moldeando a la otra.
El resultado son once piezas de una belleza ensoñadora que no sonaban grabadas: se interpretaban en directo, función a función, con piano, percusión, flauta y chelo.
Se estrenó en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao a finales de 2012, bajo la dirección de Ricardo Padilla, y en 2013 se representó en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid durante cinco funciones. La obra Celestial fue después seleccionada para la campaña «Antes de 2015 actúa» de Cáritas Española.
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